Entradas

Guía del perito (II): Cámara Gesell

Bienvenidos y bienvenidas a esta segunda parte de la guía del perito psicólogo, en la que hablaremos sobre la cámara Gesell. Esta habitación, pues eso es de lo que se trata la susodicha cámara, tiene múltiples usos en psicología, por lo que con suerte los y las peritos que pudieran leer esto ya estarán al menos algo familiarizados con ella. En todo caso, decir que se trata de una estancia acondicionada para permitir a observadores externos a la misma, percibir lo que sucede dentro de ella sin que aquellos en su interior puedan verlos. Efectivamente, es una de esas habitaciones que tanto vemos en las ficciones policíacas, por lo que no os extrañará cuando os diga que presenta diversos usos en el ámbito de la criminología.

Por tanto, se compone de dos secciones diferenciados, separados por el famoso vidrio de visión unilateral, estando ambas comunicadas por equipos de audio y video para la grabación de lo que allí sucede y para poder comunicarse entre una estancia y otra. Su inventor, Arnold Gesell, la ideó para mejorar la manera en que se observaba a los niños y niñas durante experimentos psicológicos, pues la presencia de un investigador afecta notablemente la conducta de los sujetos (ej: sesgos de actuación, nervios, expectativas, etc.). En cuanto a su uso en el ámbito jurídico, no solo se usa para separar acusado de testigo, sino también para mejorar el análisis de la conducta de los sospechosos en interrogatorios y a la hora de tomar la declaración a menores, así como para analizar su testimonio, siendo este último caso el que más comúnmente se puede encontrar el psicólogo forense. No obstante, también se usa la cámara Gesell en medicina, educación, estudios de marketing y otras muchas disciplinas.

La Cámara Gesell y el testimonio de menores

Así pues, tenemos una habitación partida en dos segmentos completamente separados, creando dos ambientes que serán muy distintos. El primero de ellos estará destinado al menor, que estará solo con el psicólogo o psicóloga, por lo que idealmente contendrá además de mesa y sillas, lápices y hojas para dibujar y decoración que cree un ambiente en el que el niño se sienta lo más seguro posible. El segundo espacio, separado por el vidrio, es muy distinto. Desde él observarán su señoría, el fiscal, los letrados de ambas partes y a veces algún familiar del niño.

Una vez todos estén ya en su lugar, dará inicio la entrevista, realizada por el profesional en psicología, que deberá intentar obtener del menor toda la información relevante al caso. Como ya hemos comentado en innumerables ocasiones, dicha información puede ser tan traumática para el menor que el simple hecho de expresar los sucesos puede resultar harto doloroso, pero al tiempo son datos necesarios para esclarecer el caso. Por ello, se crea en estos casos un conflicto, en que hay que intentar esclarecer si el testimonio es o no verdadero, intentando siempre causar el menor daño posible al menor. Por ello, era inevitable que se terminara creando un protocolo de uso en estos casos, de ahí que será únicamente el psicólogo quien hable con el menor, evitándole tener que hablar con muchas personas desconocidas que le atosigarían y le harían sentir inseguro y amenazado. Además, se presupone que el psicólogo dispone de los conocimientos necesarios para hablar con el menor, introducir los temas sin causar trauma o minimizando este, preguntar sin introducir sesgos en las preguntas, etc.

Para lograrlo, la psicóloga realizará una entrevista semiestructurada como la que se usa normalmente en este tipo de casos, como si se tratase de una evaluación sin estar en la cámara. No obstante, la diferencia más importante es que esto se hará para recabar la mayoría de los datos del caso, los sucesos en general, pero los actores presentes en la estancia tras el espejo se comunicarán a partir de cierto momento, y por turnos, con la psicóloga. Lo harán a través de un teléfono, walkie, auriculares, etc., mediante los que le irán transmitiendo las preguntas que deseen que responda el menor. Así, cada una de las partes y su señoría transmitirán sus cuestiones y la psicóloga tendrá que reformularlas para esclarecer esos puntos del testimonio del menor.

Para el psicólogo, por tanto, la diferencia fundamental es que se va a saber observado durante todo su trabajo. Recomiendo recordar que si estamos convenientemente formados no vamos a tener ningún problema en realizar el trabajo, que en realidad es muy similar a una evaluación forense fuera de la cámara. La diferencia, claro está, son las preguntas que vamos a tener que formular por petición de terceros y que, lamentablemente, no tendrán tan en cuenta como nosotros el bienestar emocional del menor, sino que buscan exclusivamente esclarecer aspectos confusos del testimonio o incluso a veces desacreditarlos, buscando que se contradiga.

De nuevo, el sistema trata de lidiar con esta contradicción, pues por una parte se busca que el testimonio sea lo más completo y detallado posible, pero al tiempo la propia cámara Gesell pretende preservar el bienestar del declarante, evitando su revictimización dentro de lo posible. Nótese que si el proceso se hace correctamente, estaremos aunando en un mismo contexto las preguntas del perito, de los letrados de ambas partes y del juez, por lo que el menor ya no debería tener que enfrentar nuevas declaraciones en un futuro. No obstante, esto no siempre es así e incluso a veces se usa la cámara Gesell con menores que ya declararon ante el psicólogo en el pasado. Ya sabemos que el sistema jurídico, como todo en esta vida, no es perfecto.

Evitando la revictimización

Como sabemos, existen diversos factores que causan esa victimización secundaria de la que venimos hablando, en el ámbito del sistema jurídico-penal. Si, como evaluadores, queremos evitar ese sufrimiento innecesario en los menores, deberemos tener claros estos factores, para evitarlos. Así, encontramos:

  • Priorizar la búsqueda de la realidad del suceso, olvidando a la víctima y la atención que necesita, por lo que se despersonaliza el trato a la misma.
  • Falta de ajuste en la información relativa a los avances del caso, en los casos en que la víctima tenga edad apropiada.
  • Falta de un entorno agradable, de intimidad y protección, a la hora de declarar.
  • Exceso de tecnicismos jurídicos.
  • Falta de información sobre los roles jurídicos de los implicados.
  • Lentitud del proceso judicial e interferencia, a veces reiterada, con la recuperación y readaptación de la víctima.
  • Exigir la repetición del testimonio, ponerlo en entredicho y generar sentimientos de culpabilidad.

Por tanto, si lo que queremos es evitar, en la medida de lo posible, el efecto de estos factores en el declarante, el psicólogo deberá ejercer su función teniéndolos en cuenta. Por ello, nuestra actuación debe ir guiada por una serie de principios paliativos, que son aplicables tanto cuando actuamos en la cámara Gesell como en una evaluación pericial cualquiera:

  • Nunca olvidar a la víctima, dándole espacio para que piense sus respuestas, pueda admitir duda o falta de recuerdo sin recibir reproches, pueda realizar las preguntas que le vengan a la mente, etc.
  • Generar un entorno lo más agradable posible, que favorezca que el sujeto se relaje y esté a gusto. La cámara Gesell, si se aplica correctamente, presentará un ambiente ya dedicado a ello.
  • Responder a todas las preguntas que tenga la persona, siempre que esté en nuestra mano, o bien redirigirla a quien pueda respondérselas.
  • Evitar tecnicismos jurídicos que únicamente entorpecerían la comunicación. En la cámara, cuando los observadores al otro lado del espejo nos transmitan una pregunta cargada de estos tecnicismos, deberemos reformularla de tal forma que el o la declarante vaya a entendernos a la perfección.
  • Explicar quienes somos, para qué es la reunión, sobre qué se va a hablar y porqué, respondiendo a las dudas y aclarando los puntos que no se hayan entendido.
  • Cuando se nos designe un caso, realizar nuestra parte lo más pronto posible, para no entorpecer el avance del caso, que ya será de por sí bastante lento.
  • Realizar nuestra parte del trabajo lo mejor posible, de manera que disminuyamos la probabilidad de que sea necesaria una nueva declaración.

Nunca debemos olvidar, que incluso en casos en que es el propio declarante quien inició el proceso legal mediante denuncia, la declaración y demás evaluaciones son un proceso durísimo para la persona evaluada, más todavía si se trata de menores de edad. Por ello, debemos siempre intentar dar lo mejor de nosotros en estas intervenciones, realizando nuestra labor lo mejor posible, evitando así daños innecesarios en la persona. En cuanto a la cámara Gesell, es una herramienta más de las muchas que llegaremos a usar en nuestra carrera profesional, y una que cada vez se usa más en nuestra país, habiéndose instalado varias en años recientes tanto en la Comunitat Valenciana, como en otras partes de España. Esperemos que eso signifique que nuestro sistema judicial (y los medios que nos proporcionan para realizar nuestro trabajo y evitar daños innecesarios en la víctima) sigue mejorando día tras día.

 

Fuentes:

Arnold Gesell.

Cámara Gesell: ¿Qué es y para qué se usa en psicología? por Alicia Fernández Parra.

Cámara Gesell: ¿Qué es, para qué sirve y por qué se llama así? por Fernando Marcelo Martínez.

La cámara Gesell en la investigación de delitos sexuales, por Mariela Zanetta Magi.

Guía de buena práctica psicológica en el tratamiento judicial de los niños abusados sexualmente, por E. Echeburúa y I. J. Subijana.

Cámara Gesell: Una Herramienta para reducir la victimización secundaria en menores víctimas de delitos sexuales, por A. Del Águila Blanes.

 

Archivos Forenses. Changeling parte 1: Christine Collins contra la ineficacia policial.

Changeling es una película interesante por muchos motivos. Lo es, entre otras cosas, como obra audiovisual en sí, pero también por la forma en que ilustra todo lo siguiente:

  • Lo que es una investigación policial y aquello que sucede cuando esta no se lleva a cabo de forma eficiente.
  • Los efectos psicológicos que sufren quienes no solo son víctimas de un crimen sino que además no se les cree cuando declaran haberlo vivido.
  • Cómo a veces se prioriza dar por cerrado un caso en vez de resolverlo realmente.
  • El uso que, lamentablemente, se ha dado a veces a las instituciones psiquiátricas, como método de represión en lugar de recurso sanitario.
  • La importancia que puede tener un juicio, si este se realiza correctamente, como herramienta restitutoria, no solo a nivel individual sino también social.
  • Además de otros muchos aspectos interesantes a nivel psicológico y jurídico, y todo ello a través de la narración de un caso real.

Por eso me dispongo a realizar una revisión de esta historia, clarificando aquellos puntos que no me parece que la película logre reflejar certeramente, y dividiendo el análisis en tres partes. No es de extrañar, por tanto, que de aquí en adelante vayamos a hablar de cada detalle de Changeling (El intercambio, en España, y El sustituto en hispanoamérica), de su trama y de su final. Para empezar, hoy hablaremos del inicio del caso y de como el abuso de poder por parte del cuerpo de policía puede empeorar el estado de una víctima, en vez de mejorarlo.

Los Ángeles, 1928

Christine Collins era madre soltera en una época en que serlo era aún más complicado que a día de hoy. Vivía junto a su hijo Walter en la ciudad de Los Ángeles, trabajando en una centralita telefónica, por lo que a veces este se quedaba solo en casa hasta que ella regresaba. Como veremos más adelante, esto no era ni mucho menos porque no se preocupara por él, así que no es de extrañar su reacción cuando regresó a casa y descubrió que su hijo había desaparecido. Llamó a la policía y denunció la desaparición, ante lo cual se le dijo que enviarían a alguien pasadas veinticuatro horas si no había aparecido aún.

Lo suyo sería sentir alivio cuando la investigación policial se inicia formalmente, y más todavía cuando pasados cinco meses esta concluye con la aparición del menor. La entrega del mismo a su madre se hace ante la prensa, de manos del capitán encargado del caso, J. J. Jones. Sin embargo, lo que debería ser un final feliz se convierte en el inicio de una auténtica pesadilla, pues la Sra. Collins aseguró que aquel no era su hijo, aunque se le pareciera. Jones achacó su reacción a la tensión sufrida y dio el caso por concluido. Y a pesar de que Christine insistió en sus afirmaciones, como el muchacho afirmaba ser su hijo, el policía se desembarazó de ella una y otra vez, cuestionando sus capacidades como madre y su cordura.

Antes de proseguir explicando los sucesos que componen esta historia, me gustaría matizar alguna diferencia entre la persona de Christine Collins en la película y en la realidad, ya que si bien no hay nada que reprochar a la actuación de Angelina Jolie en la misma, su reacción cuando le es entregado su falso hijo fue algo distinta en la vida real. En la película, ella le comenta al capitán que ese no es su hijo, a lo que este responde que debido al trauma sufrido ella no lo puede recordar con claridad, y lo cual ella inicialmente acepta, aunque reticentemente. La realidad es que la verdadera Sra. Collins no era ni mucho menos una mujer que fuera a aceptar aquella clase de respuesta, sino que el policía tuvo que insistir y asegurarle que, si una vez en casa y habiéndose calmado y asimilado el shock sufrido, no reconocía aun al niño como su hijo, estudiarían entonces su caso.

Volviendo a nuestra historia, y como es de suponer, Jones no estaba dispuesto a aceptar su error (si es que se trataba de un error y no de algo más grave), ya que la resolución del caso le había servido para acallar las habladurías sobre la criminalidad descontrolada que habitaba la ciudad, y por ello se aseguró de que la prensa tomara nota de esta emotiva historia. Admitir que la Sra. Collins tenía razón le hubiera valido no solo las críticas de estos últimos, sino posiblemente un despido. Por ello, para evitar el bochorno, centró sus esfuerzos, en vez de en resolver el caso, en anular cada uno de los argumentos que Christine presenta, en intimidarla, criticarla, insinuar que realmente no quiere ser madre, y en amenazarla de forma sistemática.

Como resultado, a Christine no le quedó otra que callar… de momento . En realidad, y a espaldas de la policía, realizó su propia investigación para certificar que el problema no estaba en su cabeza, sino que ese niño no era Walter. Con facilidad, determinó que el niño no era tan alto como debería, y que además estaba circuncidado, cuando su hijo nunca lo estuvo. Además, lo llevó al dentista, quien certificó que su dentadura no correspondía con la de Walter, y ante su maestra, quien no tuvo dificultades en confirmar que el niño, fuera quien fuera, no era Walter. Y no solo eso, sino que mediante la ayuda de Gustav A. Briegleb, un influyente reverendo que se posicionó contra la policía de Los Ángeles, Christine consiguió hacer llegar su historia (la verdadera) hasta la prensa.

Llegados a este punto, el capitán de la policía tomó medidas drásticas. ¿Reabrió el caso? No, claro que no. Envió a la mujer, sin precisarse evaluación previa alguna, a un hospital psiquiátrico. Mediante esta jugada, no solo se desembarazó de Collins sino que a partir de ahí pudo “demostrar” ante la prensa que él tenía razón y la mujer no, pues su encierro en el hospital certificaría que estaba afectada de algún tipo de trastorno. Esta trampa le sirvió a Jones precisamente porque en esta época no era tan extraño que la policía enviara al manicomio a quien considerara peligroso sin requerirse evaluación previa, basando esta urgencia precisamente en dicha peligrosidad, valorada únicamente por ellos. Una vez dentro del hospital psiquiátrico, las personas en cuestión tenían dos opciones: Admitir que estaban equivocadas en su conducta y fingir que iban mejorando o bien persistir en ella y sufrir un maltrato sanitario que acabaría por producir en ellas los síntomas que en este lugar deberían haber curado.

Si parece extraño, algo sin pies ni cabeza, y un castigo inhumano, es porque lo es. Dedicaré la segunda entrada a este punto, pues merece tiempo para desarrollarlo. De momento quedémonos con que la Sra. Collins tuvo la suerte de haber mediatizado su caso justo antes de ser encerrada, y también de tener simpatizantes con suficiente influencia como para hacer ruido. El resultado es que Christine logró salir de allí relativamente indemne y pronto. Lamentablemente, no todo el mundo tuvo esa suerte, pero como ya he dicho, de ello hablaremos más adelante.

Su puesta en libertad acabó por encender más los ánimos, al ser una confirmación ante el público de que la madre de Walter no sufría ninguna alteración mental que le impidiera saber quien era su hijo. Así, empiezan una serie de manifestaciones que, gracias a una buena dosis de suerte y a otro policía que investigaba otro caso, llevan a que se unan los puntos y que se inicie un juicio para valorar el porqué de los actos de J. J. Jones. El juicio debió ser duro para el policía, sí, pero también lo fue para la propia Christine. Y es que un proceso judicial siempre es un mal trago, teniendo que revivir lo sufrido y explicarlo una y otra vez delante de quienes sabemos que van a valorar si lo que decimos es cierto o no, poniendo nuestro testimonio en tela de juicio. La diferencia es que Jones se lo buscó, por querer manipular la verdad en su beneficio, sin tener en cuenta todo el daño que causaría, y asumiendo que Christine sería débil y claudicaría, mientras que ella no se rindió y luchó para que la verdad saliera a la luz. Pero lo peor es que mientras esto sucedía, ella ya era consciente de que debido a la ineficacia policial quizás ya nunca encontraría a su hijo. Porque quienes debían ocuparse de encontrarlo prefirieron esforzarse en desacreditarla y en apuntarse méritos que nunca se habían ganado.

El resultado del juicio fue que la Corte de California condenó no solo a Jones sino también a su superior el comandante Davis, por negligencia y corrupción. Además a partir de esto se investigó el caso de varias mujeres encerradas en el hospital psiquiátrico por motivos similares al de Christine, siendo liberadas mediante orden judicial. Y aunque podemos considerar esto una victoria, solo lo es a medias, ya que el tiempo perdido en la búsqueda del niño fue inmenso, y una vez se investigó realmente el asunto ya era demasiado tarde. De hecho, simultáneamente a este juicio se celebró otro en el que se enjuiciaba a Gordon Stewart Northcott, caso del cual me ocuparé también más adelante, pero del que por ahora nos bastará decir que se trataba de un asesino en serie que escogía como víctimas a niños y que entre sus víctimas quizás pudo encontrarse el mismo Walter.

El mundo al revés

El destino de Walter es incierto, pero en todo caso su madre jamás logró encontrarlo, aunque se dice que nunca desistió en su empeño de hallarlo. Por tanto, no es una historia con final feliz, pero aun así es una de la que hay mucho que aprender. Y es que, las autoridades y la sociedad necesitan saber cómo influyen en las víctimas de un delito, pues aunque su cometido debería ser aliviar el sufrimiento de las víctimas, minimizarlo y evitar que este se prolongue más de lo necesario, la incompetencia (o en este caso, la negligencia pura y dura) pueden llevar a que el efecto producido en ellas sea justo el contrario.

De esta manera, quienes deben proteger y ayudar a las víctimas, pueden terminar dañándolas más si cabe, aumentando su sensación de desprotección ante un mundo hostil. Al fin y al cabo ¿Qué ayuda cabe esperar, si incluso quienes han de protegernos nos causan dolor? A decir verdad, hay que reconocer que tanto el sistema sanitario actual como los diversos mecanismos jurídicos han avanzado mucho en esta y otras áreas en las sociedades occidentales en los últimos años, aunque igualmente cierto es que queda un largo trecho por recorrer en este sentido.

Porque, sí, esto no solo se aplica al papel de la policía, sino también al de los diversos especialistas sanitarios que deben atender a las víctimas. El caso es extrapolable incluso a aquellas personas que sufren no por ser víctimas sino por padecer una enfermedad o trastorno concretos, ya que si en estos casos la persona que les atiende ignora su sufrimiento, le resta importancia o los trata negligentemente, lo esperable no es que mejore su situación, sino todo lo contrario.

Imaginemos lo siguiente. Hay un incendio en una casa. Dentro, una persona está atrapada, rodeada por el fuego. De entre las llamas, surge la imponente figura de un bombero, pero entonces, en vez se ayudarle, procede a pisotearle y luego se marcha sin más. Estoy bastante seguro que esta escena no figura en el imaginario de la mayoría. Un bombero que nos haga daño en vez de ayudarnos en momentos de necesidad resulta algo inconcebible. Entonces, ¿por qué buena parte del imaginario colectivo percibe que la corrupción es algo esperable y más o menos habitual entre las fuerzas del orden y en los diversos figurantes del proceso jurídico? ¿Por qué tanta gente desconfía de los tratamientos que les propone su médico? ¿O por qué percibimos que las personas que necesitan estar en una residencia por uno u otro motivo no estarán bien atendidas?

La respuesta es sencilla, pero dolorosa. Todos hemos oído de casos semejantes, y aunque un análisis detallado de la situación evidencia que estos no son la norma, también demuestra que existen, y solo por eso ya influyen en nuestra percepción colectiva de estos asuntos. Arrastramos pues, un largo pasado de negligencias y maltratos, y para poder superarlo no queda otra más que todos seamos conscientes de la gravedad de este tipo de actos y actuemos, cada uno en la medida en que pueda, para ponerles fin. Y esta responsabilidad no puede recaer solo en la sociedad y en denuncias individuales, claro está, sino que a de nacer de los propios profesionales, quienes tenemos un gran impacto en las vidas de las personas con las que trabajamos. Al fin y al cabo, cualquier acto judicial que cause más daño a las víctimas en vez de aliviarlo no es justicia. Y justicia es tanto lo que queremos y como lo que necesitamos.

Parte 2: Próximamente.

Parte 3: Próximamente.​

Archivos forenses: El extraño caso de “La mujer sin rostro”.

El mundo de las ciencias forenses es harto interesante y lleno de historias de las que podemos aprender siempre algo. El caso que traigo hoy no tiene una relación directa con la psicología pero, como veremos, las y los peritos también podemos aprender algo al respecto.

Se trata ni más ni menos del caso de “La mujer sin rostro”, una misteriosa criminal que cometió diversos asesinatos desde el año 1993 al 2009, a lo largo de Austria, Francia y Alemania, además de participar en multitud de otros crímenes de todo tipo. Esta criminal, que trajo de cabeza a la policía alemana durante años, se volvió increíblemente mediática y fue conocida también por el apelativo de la “Fantasma de Heilbronn”.

Durante más de década y media, la fantasma tuvo en jaque a las fuerzas del orden de tres países, demostrando que podía tratarse de una de las criminales más peligrosas de la historia.

Y durante todos esos años sólo hubo una cosa que atara todos estos casos: un rastro de ADN encontrado en hasta cuarenta escenas del crimen, delitos de todo tipo. Los investigadores pronto entendieron que se enfrentaban a una mente criminal digna de la más increíble de las películas del género policíaco. No sólo era que esta mujer tenía un historial delictivo más largo que la bufanda de un jirafa, sino que se movía por el país (y más adelante incluso internacionalmente) sin que nadie pudiera detectarla jamás hasta que ya era demasiado tarde.

Una criminal como ninguna otra.

Normalmente al relatar casos nos solemos centrar en asesinos en serie o en criminales con otro tipo de perfil definido, que tiende a realizar un delito de forma reiterada o bien varios tipos de crimen relacionados entre sí, pero el caso de la fantasma es bien distinto. Su ADN parecía encontrarse no solo en escenarios de homicidio, sino también en robos de guante blanco o en altercados con armas de fuego entre bandas. Aparentemente, era como si esta mujer fuera una maestra del crimen, una mafiosa del más alto nivel que además se ocupaba ella misma de realizar muchas de sus operaciones.

La primera vez que la policía tuvo constancia de la existencia del fantasma fue en mayo de 1993, cuando una pobre anciana murió estrangulada en la ciudad de Idar-Oberstein. La asesina no dejó huellas ni evidencias de otro tipo, solo su ADN.

Años después, en Friburgo se da un caso similar, también una estrangulación y de nuevo un crimen casi perfecto, en el que la única pista era el rastro de ADN de esta misteriosa individua. Viendo que esta persona podía haber cometido otros delitos similares, se empieza a buscar su ADN en otros casos semejantes y la sorpresa fue que su presencia estaba por doquier ¡y no no sólo en casos de estrangulamiento!

El rastro genético de la misteriosa asesina sería encontrado a lo largo de los años en diversos objetos de otras tantas escenas del crimen: en un cajón en una casa allanada, en los restos de una galleta en un camión robado y en otros veinte vehículos robados más. Incluso sucedió que unos padres denunciaron con entendible enfado que su hijo había encontrado una jeringuilla con heroína en un parque, y dicha jeringuilla tenía ADN del fantasma. Durante un tiempo se llegó a pensar que sería esta la pista que llevaría a los investigadores hasta ella, pero esto también quedó en nada, ya que la jeringa solo se relacionó con el caso mucho tiempo después de haber sido encontrada y por ello era imposible seguir su rastro.

La conclusión a la que se llegó fue que esta despiadada criminal no presentaba un patrón claro en sus actos, no respondía a un perfil estable excepto, quizás, a un deseo patológico de notoriedad. Eso explicaría por una parte que decidiera implicarse en todo tipo de crímenes, así como que siempre se encontrara como única prueba de su presencia el ADN. Al fin y al cabo, su existencia se hizo famosa (y pronto se empezó a tachar a las fuerzas policiales de incompetentes por no poder detenerla), y el que esa fuera siempre la única prueba casi parecía apuntar a que se ocupaba con gran maestría de no dejar ni una pista excepto siempre la misma, como si así dejará su marca de identidad al tiempo que sabía que sólo con eso jamás darían con ella. Por tanto, el ADN sería, según la terminología usada en criminología, su “firma”, su forma de marcar su autoría sobre los hechos.

Se llegó a pensar que la criminal dejaba el ADN expresamente en las escenas del crimen a modo de burla: “Atrapadme si podéis”.

El perfil criminal que se le atribuyó era el de una persona peligrosa y brutal, aunque cuidadosa en extremo, pero a la vez errática. Se decía de ella que debía ser una enferma mental, una psicópata, así como una adicta, pero también una persona de gran inteligencia (esto último era en cierta manera, necesario para las fuerzas policiales, pues lo contrario hubiera sido admitir que no eran capaces de capturar a una delincuente de inteligencia promedio o incluso inferior).

Un caso cada vez más complicado.

Un caso de lo más rocambolesco, pero lo peor estaba aún por llegar. Es en 2006 cuando gracias a un testigo se logra obtener un retrato robot de esta persona, pues la logró ver rompiendo el cristal de una vivienda en la que se introdujo y dentro de la cual se encontró, de nuevo, su ADN. No obstante, lo que debía haber sido una pista a la que aferrarse para hacer avanzar el caso no hizo más que complicarlo, pues el retrato robot era el de un hombre. ¿Qué significaba todo aquello? ¿Era el individuo avistado un mero cómplice? ¿Utilizaba la mujer sin rostro cómplices a los que instruía para dejar su ADN y así confundir a la policía? ¿Se trataba el fantasma de un hombre e iba dejando por ahí ADN de una mujer para despistar? ¿Era acaso la mujer sin rostro en realidad un hombre trans? ¿O es que la fantasma era una maestra del disfraz y por eso nunca era detectada?

El retrato robot obtenido, que en vez de hacer avanzar la investigación sólo hizo que volverla más y más confusa.

Fuere como fuere, el caso pasó de ser famoso a ocupar todos los titulares cuando, en 2007, una joven agente policía de 22 años fue asesinada de un tiro en la cabeza, quedando su compañera en coma, pues ambas estaban en el coche patrulla cuando fueron atacadas. Desafortunadamente, la superviviente despertó del coma sin memoria de lo sucedido, por lo que fue incapaz de informar sobre quién las había agredido.

Por mucho que se buscó posibles agresores, no se encontró a nadie con un móvil que pudiera respaldar la agresión. Así las cosas, el caso hubiera sido archivado de no ser porque… efectivamente, se encontró de nuevo el dichoso ADN de la mujer sin rostro. El problema es que a pesar de que a partir de ese momento ya podía relacionarse con nuestro caso, seguía sin haber un móvil plausible. ¿Había sido una agresión realizada con la única intención de provocar a la policía? ¿O es que las víctimas habían dado con alguna pista que podría haberles llevado a resolver el caso eventualmente?

Este fatídico suceso acaeció en Heilbronn y de ahí le viene el segundo apelativo a la asesina, que desde ese momento fue conocida como “El fantasma de Heilbronn”.

Monumento erigido en memoria de la agente Michéle Kiesewetter, policía en Heilbronn.

La policía en jaque.

Este último asesinato conmocionó al país entero y puso en evidencia a la policía alemana, que debió tomarse el caso como algo personal. Según sus propios cálculos aquel caso había costado ya unas 20.000 horas de trabajo policial, así como una inversión de 25 millones de euros entre sueldos, material y demás. Llegados a este punto, se fueron ofreciendo recompensas hasta que esta ascendió hasta los 300.000€ para quien pudiera ofrecer una pista que les ayudara a esclarecer el asunto.

Y no es para menos. Habiendo saltado el caso a la fama la prensa pronto sacó a la luz informaciones de lo más extrañas. Por ejemplo, en Francia se encontró su ADN en el arma de un robo en que nadie había visto mujer alguna. Teniendo en cuenta el retrato robot con el que se trabajaba no era tan extraño, pero seguía añadiendo más misterio a a la leyenda de la mujer sin rostro. Se habla mucho de que no existe el crimen perfecto, pero la prensa llegó a la conclusión de que se encontraban ante él. El apelativo de “fantasma” le venía que ni pintado.

Y su fantasmagórica mano siguió moviéndolo todo desde las sombras. En el año 2008 se vuelve a detectar su ADN en un triple asesinato en el que para complicar aún más el asunto se encontraron unos claros culpables que negaron en todo momento que ninguna mujer tuviera relación con el crimen. ¿Acaso temían las represalias de esta diabólica mujer si la delataban?

Durante este mismo año volvió a ser detectada en varios robos y allanamientos de morada en diversas ciudades de Alemania, así como en un nuevo asesinato.

Llegados a este punto las alarmas deberían haber saltado ya hacía tiempo, pero en todo caso lo hicieron cuando el ADN de marras apareció en una reyerta familiar… en una taza. ¿Qué diantres pintaba allí el omnipresente material genético? Se dice que fue en este momento cuando alguien entre los investigadores se formó una nueva teoría, que se vería reforzada cuando en 2009 el ADN fue encontrado por enésima vez en el cuerpo quemado de un residente en Francia que demandaba asilo, cosa que parecía más que improbable, ¿no?

La verdad tras el fantasma.

No se muy bien quien tuvo la idea, pero tras una comprobación exhaustiva se probó qué tenía en común el procedimiento de recolección de muestras de todas las escenas del crimen mencionadas y… Bueno, la respuesta es cuanto menos anticlimática: los bastoncillos de algodón usados para recoger muestras, bastoncillos que salían todos ellos de la misma fábrica y que se usaban en todos los países en que había hecho acto de presencia el ADN. Parecían estar todos ellos contaminados, probablemente por alguna trabajadora de la susodicha fábrica. En resumen, nunca existió la mujer sin rostro y el material genético simplemente pertenecía a una trabajadora anónima sin relación alguna con la lista de crímenes, lo cuales en realidad no tenían nada que ver unos con otros.

Así pues, sólo quedaba buscar en la empresa a la responsable de todo este desaguisado, lo cual parece ser que también fue una verdadera odisea, además de iniciar una batalla por determinar de quién era la responsabilidad en todo este asunto, si de la trabajadora, de la empresa fabricante o de las fuerzas policiales que podían haber llegado a esta conclusión mucho, mucho antes. Sea como sea, en 2009 se cerraba el caso (o lo que diantres sea este esperpento), dejando de un plumazo decenas de crímenes sin resolver y una imagen de los investigadores de incompetencia total.

Si algo hubiéramos de rescatar de todo esto, sería aprender que necesitamos ser extremadamente rigurosos si trabajamos en el ámbito forense. Un error puede llevar a grandísimas perdidas (materiales e inmateriales). No se trata sólo de las grandes sumas de dinero invertidas en un caso que no iba en ninguna parte, ni tampoco de las miles de horas de esfuerzo policial que quedaron en agua de borrajas, sino de la ingente cantidad de casos a los que en su día se atribuyó la autoría a la inexistente mujer y que a día de hoy es muy posible que ya no puedan resolverse, quedando los culpables libres para siempre.

Podríamos pensar que el que se den errores tan graves como este debe ser algo más bien raro, pero cabe recordar que el fantasma fue el azote de la policía de tres países durante casi dos décadas, por lo que nadie nos puede asegurar que otros errores semejantes no puedan estar dándose a nuestro alrededor, en nuestro país, sin que nos demos cuenta.

Acerca de este asunto, K. Ramsland, especialista y profesora universitaria de psicología forense, comenta que “pese a que el análisis de ADN es un procedimiento científico fiable, no es inteligente basar nuestras investigaciones solamente en él”. De la misma forma y trasladando esta moraleja a la propia psicología forense, deberemos ser muy cautos con los procedimientos que utilizamos, así como con la forma en que los usamos. A la hora de realizar una evaluación psicológica, es muy importante escoger los instrumentos que más se adecuen al caso en cuestión y, en caso de que los resultados puedan ofrecer cualquier clase de duda, no podemos nunca conformarnos con la primera hipótesis aunque todo apunte a ella, no al menos hasta que desterremos todo asomo de duda de nuestra investigación. Recordemos que el ámbito de la psicología en el contexto criminal es uno donde las mentiras y el subterfugio están mucho más presentes que en la vertiente clínica.

Así mismo, debemos recordar que los cuestionarios, modelos de entrevista y test psicométricos que utilizamos no son ni muchos menos herramientas exactas. Por ello, la única forma de poder usarlos con un margen adecuado de confianza (y de hecho, la forma en que se pensó que se usarían al ser diseñados) es siguiendo unos protocolos muy estrictos y combinándolos con otras pruebas similares para confirmar así los resultados, la coherencia entre ellos y la compatibilidad entre los mismos.

Desgraciadamente, no pocas veces me ha tocado revisar casos en que la evaluación psicológica forense era un auténtica chapuza, hecha con prisas o dando por bueno el testimonio a la primera a pesar de que hubieran incoherencias o aspectos que merecieran esclarecerse, fuera esto por dejadez o por haberse dejado llevar por simpatías hacia los investigados. Y si algo nos ha enseñado el caso de la fantasma de Heilbronn es que este tipo de descuidos es inadmisible. Al fin y al cabo, no debemos complicarle más aún las cosas a la justicia, que bastante difícil lo tiene ya a veces de por sí.


 

Fuentes:
La recompensa por la “Asesina fantasma” alcanza el récord de 300.000€.
La mujer sin rostro deja a la policía alemana en la oscuridad.
Alemania a la caza de la asesina conocida como “La mujer sin rostro”.
The Forensic Psychology of Criminal Minds, por Katherine Ramsland.
Alemania busca a al/la asesino/a fantasma.

 

 

,

Psicoterapias y Pseudeoterapias

Si has llegado a esta página, probablemente haya sido buscando un psicólogo en Xátiva o alrededores (o quizás simplemente buscando una consulta de psicología en internet). Si es así, en esta web podrás encontrar los servicios que ofrezco, cómo trabajo y cuáles son mis especialidades.

Sin embargo, puede que ya hayas acudido a otros/as terapeutas que no te funcionaron o no lograron ayudarte a superar tus problemas. Aunque esto no siempre es así, a veces ocurre porque algunos terapeutas utilizan técnicas que nunca se ha probado empíricamente que funcionen. Y e que es muy importante, por el bien del paciente y su salud, que se empleen técnicas de eficacia contrastada y no aquellas que por experiencia propia o recomendación nos parece que den resultado.

La psicología es algo más que aplicar el saber popular y aconsejar al paciente, aunque a muchos se les olvide. Así pues, podemos decir que el sustantivo “psicología” y su adjetivo “psicológico” no significan lo mismo fuera y dentro de la disciplina psicológica como ciencia. Lo mismo sucede con palabras relacionadas como “inconsciente”, “conducta”, “pensamiento” o “mental”, siendo términos que poseen significados muy específicos dentro de dicha disciplina.

Dicha confusión tiene dos efectos curiosamente contrarios, pero que se complementan dañando ambos a la imagen de psicólogos y psicólogas. Por una parte, confieren a la psicología y a todo lo relacionado con ella una imagen de falsa ciencia, de escasa coherencia como saber (aunque en realidad se define como la ciencia que busca explicar científicamente los procesos tras la conducta humana). Por otra, la confusión permite que muchas pseudoterapias y bulos semejantes se disfracen de forma más o menos convincente mediante el uso de términos y expresiones como “psico-“, “de la mente” o “cognitivo”.

Ahora bien, según su definición, psicología es solo aquello que busca explicar, predecir y modificar nuestras conductas, nuestros comportamientos (inclusive nuestros pensamientos) empleando los conocimientos y datos que hemos ido acumulando desde el inicio de la disciplina como ciencia, esto es, desde que los psicólogos emplean la metodología científica y por ello solo trabaja con elementos operativizables (objetivables, que pueden ser estudiados objetivamente).

A este respecto existe una clara diferencia entre la psicología de estar por casa y la científica y es que la primera tiende a separar “lo físico” de “lo mental”, cuando la realidad es que nuestra mente funciona siempre en relación al contexto que nos rodea, interactuando con los demás y con las circunstancias que nos toque vivir.

De forma paralela se tiende a percibir una diferencia entre aquello que es biológico y lo que es psicológico, entendiendo algunos a la neurología (por ejemplo) como una ciencia verdadera y no a la psicología. Curiosamente, en la carrera de psicología hay varias asignaturas como Neuropsicología, Neurociencias, Método científico, Fisiología, Psicometría, Psicoestadística, etc.

Cierto es que existe una barrera que aún no hemos logrado sortear entre las Neurociencias y la Psicología, pero cada día estamos más cerca de lograrlo. Dicha barrera consiste en que las primeras son capaces de localizar procesos cerebrales y de otras partes del sistema nervioso que producen fenómenos concretos de nuestra conducta (por ejemplo, cómo procesamos la información que captan nuestros sentidos o porqué ciertas sustancias nos resultan adictivas), pero no logran establecer cómo dichos procesos logran la experiencia subjetiva que llamamos mente, el “yo” que autopercibimos. Por su parte, la psicología es capaz de comprender cómo le afectan diversos factores a esa experiencia subjetiva y como esta condiciona nuestros comportamientos, pero tampoco llega a saber por ahora como ello se relaciona con nuestras estructuras cerebrales por completo. Entre ambas pues, hay por ahora una pregunta sin respuesta.

Sin embargo, el que una trabaje con elementos más tangibles, físicos, no la convierte en más científica que la otra. La conducta parte de una base biológica, que también es estudiada desde la psicología, pues sin ella es igualmente imposible entender la forma en que nos relacionamos con el medio.

La línea entre lo orgánico y lo psicológico queda pues desdibujada, de tan relacionados como están. Esto resultará evidente para cualquiera que haya sufrido alguna vez de estrés o ansiedad, por ejemplo. Cuando uno sufre de estrés, no solo siente un malestar psicológico, sino también (y esto es muchas veces lo que hace sonar las alarmas) síntomas físicos como la caída de pelo, alteraciones estomacales, cutáneas, del sueño e incluso bajadas en nuestras defensas, entre otros. Por eso mismo es que en los casos en que el paciente sufre una enfermedad médica que se prevé de larga duración se aconseja recibir ayuda psicológica, pues lo último que necesita es deprimirse y añadir síntomas a los que ya sufrirá de por sí.

“Pero tal o cual terapia me funcionó/ le funcionó a alguien de mi confianza” pensarán muchos y precisamente este es el pensamiento que perpetúa la existencia de las pseudoterapias, tanto aquellas que se disfrazan de psicología como las que se disfrazan de medicina.

La gente lega (aquellos que no poseen conocimientos específicos en la materia), tienden a explicar los problemas sufridos en base a las propias experiencias previas, tanto las vividas en primera persona como las presenciadas en su entorno o las que conoce porque “todo el mundo sabe que” (saber popular). Si bien estas explicaciones y los consejos que de ellas deriven pueden tener algo de razón y servir como ayuda para salir del bache, lo cierto es que nos la jugamos cada vez que las empleamos pues pueden llegar a crear más perjuicio que beneficio, ya que no siempre van a ser ciertas y aunque lo sean no tienen porqué aplicarse igual a todos los casos, pues repetimos que las circunstancias de cada cual son únicas e intransferibles.

Las causas que originen y mantengan en el tiempo los problemas psicológicos de una persona pueden variar mucho entre individuos, aunque dichos problemas se parezcan entre ellos. Por eso, cada caso requiere una especial atención para que la terapia se adapte a él, pero también en líneas generales deben evitarse aquellas técnicas de las que no se haya probado nunca su eficacia, pues pueden resultar inocuas (si existe mejora es por un mero efecto placebo) o incluso dañinas.

Por eso es importante que el psicólogo analice el caso buscando explicar la génesis del problema mediante los procesos de aprendizaje y otros mecanismos psicológicos experimentalmente demostrados a través de investigaciones consolidadas. Después, se emplearán las técnicas que sepamos que a ciencia cierta (nunca mejor dicho) que funcionan mejor para ese tipo de problemas y en relación a las características del paciente y su contexto. Nuevamente, usaremos los ya mencionados procesos de aprendizaje, pero esta vez de forma activa, buscando no solo solucionar el problema sino también la mejora personal.

Con todo ello, espero haber ayudado a discernir entre lo que es y no es psicología y como esta está presente en ciertas formas de terapia, pero no en otras. De todos modos y a forma de ayuda final, puesto que para alguien ajeno a la profesión puede resultar complicado distinguir entre las psicoterapias validadas científicamente y las que solamente aparentan serlo, adjunto una lista de pseudoterapias, puesto que se trata de métodos que en ningún caso funcionan ni producen un efecto mayor que el mero azar o el del placebo, pudiendo incluso llegar a ser perjudiciales para el afectado. Ten en cuenta que la lista no es ni mucho menos exhaustiva, pues continuamente aparecen nuevas.

  • Acupresión: Curar mediante masajes, presionando zonas del cuerpo.
  • Acupuntura: Emplear agujas que se clavan en zonas concretas del cuerpo.
  • Aromaterapia: El uso de aceites a fin de sanar enfermedades y dolencias, aplicados no solo por vía respiratoria sino también por vía tópica e interna, es decir, a través de la piel, oral, anal y vaginalmente.
  • Auriculoterapia: Medicina Tradicional China en la que se estimulan puntos específicos del pabellón auricular y la oreja para generar un efectos en el organismo.
  • Bioneuroemoción: Presupone que toda enfermedad tiene su origen en la inestabilidad emocional, por lo que la medicina no sería nunca necesaria.
  • Brainspotting: Curación de las dolencias psicológicas mediante el… ¿movimiento de los ojos?
  • Cirugía psíquica: Tal cual, se trata de operar quirúrgicamente de forma telepática.
  • Constelaciones familiares: Se busca la mejora en la vida en base a que los humanos tendríamos un entendimiento inconsciente de las relaciones sociales y familiares.
  • Cristaloterapia: Curar mediante cristales.
  • Cromoterapia: Sanar mediante luces de colores aplicadas sobre la persona.
  • Dieta macrobiótica: Comer según los preceptos del Ying y el Yang.
  • EMDR (Desensibilización por medio de movimientos oculares): Busca curar los traumas estimulando los hemisferios cerebrales.
  • Flores de Bach: Curar las dolencias psíquicas mediante agua de flores y productos similares.
  • Hidroterapia: Curar mediante el agua.
  • Hipnoterapia o terapia hipnótica: Busca provocara un trance en el paciente.
  • Homeopatía: Basada en el principio de que el agua tendría memoria, pudiendo así adquirir propiedades de sustancias curativas.
  • Hoʻoponopono o ho-o-pono-pono: Curación tradicional de origen hawaiano.
  • Iridología o Iriodología: Considera que el ojo se divide en partes que se corresponden con partes del cuerpo.
  • Medicina holística: Considera que el cuerpo humano posee por sí mismo la capacidad de curar toda enfermedad, si se activa de forma correcta.
  • Método Dorn: Escuela específica del quiromasaje.
  • Microinmunoterapia: Se busca modular la respuesta inmunitaria del propio organismo.
  • Naturopatía: Sustituye los medicamentos del tratamiento por remedios naturales, considerando que los hay para todas las dolencias, inclusive las más graves.
  • Nueva medicina germánica: Similar a la Bioneuroemoción.
  • Oligoterapia: Curar con pequeñas dosis de minerales.
  • Orinoterapia: Sanar al ingerir la propia orina. De verdad.
  • Ozonoterapia: Curación mediante la inserción de ozono en diversas partes del cuerpo.
  • Programación Neurolinguística (PNL o NLP): Sanar y mejorar mediante el uso del lenguaje.
  • Psicoanálisis: Curación explorando un teórico inconsciente de donde proceden los problemas de la persona.
  • Psicobiodescodificación: Ver Bioneuroemoción.
  • Psicología positiva: Terapia centrada en los aspectos positivos más que en los negativos.
  • Psicología transpersonal: Psicología a la que se suma espiritualidad.
  • Psicomagia: Psicología y magia. Nada que añadir.
  • Quiropráctica o quiropraxia: Curar y diagnosticar enfermedades diversas mediante masajes y presiones.
  • Reflexología: Similar pero solamente tocando los pies (o a veces las manos, nariz, orejas…).
  • Reiki: Similar, pero siquiera necesitaría tocar al paciente. Medicina por Wi-Fi, vaya.
  • Sanación enteogénica: Llamada también sanación psicodélica, es decir, que usa sustancias alucinógenas.
  • Sanación por arquetipos: Derivado del psicoanálisis al que añadimos un componente espiritual o chamánico.
  • Sanación cuántica: Curar en base a que la intención de un sujeto mueve el mundo subatómico.
  • Sanación pránica: Asume que el cuerpo humano posee un campo energético útil en medicina.
  • Shiatsu: Más masajes curativos, esta vez japoneses.
  • Sofrología o Sofrología Caycediana: Pretende tratar problemas psicológicos mediante la práctica de técnicas budistas y yoga, que buscan relajar al sujeto. Aunque se disfrace de medicina y/o psicología sus practicantes no pertenecen necesariamente a dichas ramas y sus técnicas no poseen respaldo científico alguno.
  • Sonoterapia: Curar mediante sonidos.
  • Talasoterapia: Método curativo que usa el clima y los baños marinos.
  • Técnica de liberación emocional (EFT): Derivada de la acupuntura y el shiatsu.
  • Técnica metamórfica: Más masajes.
  • Terapia Bioenergética: Se basa en que la tensión psíquica es la base de todo nuestro sufrimiento.
  • Terapia Biomagnética: Cura hasta las enfermedades más graves con imanes.
  • Terapia de las megavitaminas: Emplea vitaminas como si fuera lo único necesario para curar la dolencia.
  • Terapia de las ventosas: Curar con ventosas.
  • Terapia de vidas pasadas: Creen en que nuestras encarnaciones previas nos afectan actualmente.
  • Terapia Gerson: Dieta que considera poder curar enfermedades como el cáncer o las demencias.
  • Terapia Gestalt: Psicoterapias con influencias variadas, entre las que se encuentra el psicoanálisis.
  • Terapia Humanista: Híbrido de psicología y filosofía.
  • Terapia neural: Usa cierta sustancias anestésica como medicamento.
  • Terapia ortomolecular: Usa sustancias naturales como vitaminas y enzimas como medicamento.
  • Terapia quelante: Emplea agentes quelantes para eliminar los metales pesados del cuerpo.
  • Terapia radiónica: Utiliza las ondas de radio.
  • Terapia Zonal: Ver reflexología.
  • Thetahealing: Terapia energética creada por una coach espiritual.
  • Toque terapeútico: Imposición de manos curativa similar al Reiki.
  • Vegetoterapia caracteroanalítica: Otra derivada del psicoanálisis.

Si crees que necesitas ayuda de un profesional evita a cualquiera que se anuncie con las palabras anteriores pues son, en el mejor de los casos, un timo, y en el peor una amenaza a tu salud. Discúlpenme si he ofendido las creencias de alguien, pero considero que la salud de las personas es un tema serio con el que no deberíamos jugárnosla. Ten en cuenta que si has sido afectado por alguna de ellas, puedes denunciar el caso y solicitar una evaluación de los daños causados, tanto físicos como psicológicos.

Y recuerda además que, si te encuentras por la zona de Xátiva o alrededores, puedes contactar conmigo. Y en el caso de que necesites un especialista distinto por las características de tu problema, me comprometo a ayudarte a buscar uno que emplee métodos fiables que te puedan ayudar a superarlo.

Última actualización: 05/06/2019.

 

Cristian García Castells

Colegiado nºCV13551

c/ Av. Corts Valencianes (Adexa), Xátiva, CP: 46800 (Solicitar cita previa).

Tel. 690 76 05 57 (respondo llamadas y Whatsapp).

E-Mail: cgcastells@gmail.com

 

 

Tratamiento farmacológico del TDAH mediante el Metilfenidato.

En nuestro blog hablamos mucho sobre el TDAH y de hecho otras veces ya hemos comentado diversos aspectos y características de esta afección, inclusive algunos tratamientos. Si bien entre los tratamientos de 1ª elección encontramos las terapias de conducta, la realidad es que son muchos los niños y niñas que reciben tratamiento farmacológico, siendo el metilfenidato uno de los más usados. A veces incluso se usan dichos tratamientos sin un complemento psicológico que les aporte estrategias a ellos y a sus cuidadores para poder aprovechar mejor los beneficios de dicha medicación.

Todos sabemos que los fármacos, si bien resultan de gran ayuda cuando son usados correctamente, suelen conllevar una serie de efectos secundarios que merece tener muy en cuenta, debiendo evaluarse para cada caso particular la relación coste/beneficio de cada opción, eligiéndose el tratamiento más adecuado disponible.

En todo caso, como decíamos uno de los fármacos de uso más frecuente para tratar el TDAH es el metilfenidato, por lo que consideramos interesante hablar de sus características según las últimas investigaciones.

Eventos adversos no graves

Este apartado se refiere a alteraciones nocivas pero que no ponen directamente en peligro la salud del menor, como puedan ser las alteraciones del sueño, la disminución del apetito, las cefaleas, los dolores abdominales y, paradójicamente, el nerviosismo: Estos son algunos de los efectos negativos más comunes (afectando de un 10% a un 15% de los niños y niñas tratados), si bien ninguno de ellos implica un riesgo directo o grave para la salud del menor. Hay que tener en cuenta que estos efectos suelen ser leves y causados por cambios en la dosis o en el horario en que se toma la medicación.

En cuanto a la falta de apetito, debe vigilarse si esta llega a estar tan presente que produce descenso del peso, en cuyo caso merecería la pena aumentar la ingesta en la merienda y cena, al ser el desayuno y la comida las ingestas tendentes a ser más ligeras por haber tomado recientemente la medicación. Discutible es el uso de batidos, barritas o suplemento vitanímicos como sustitutivos, siendo en los países desarrollados muy extraño que un menor sufra de hipovitaminosis y por tanto sirviendo más como efecto placebo para los padres que no como un remedio real. No se recomienda usar medicamentos que estimulen el apetito, ya que suelen contener antihistamínicos o derivados de neurolépticos que podrían producir somnolencia y producir rigidez muscular, así como aumentar la falta de atención.

En relación a lo anterior, no se han identificado alteraciones neurohormonales que pudieran asociarse a alteraciones en el crecimiento, si bien sí que se ha encontrado cierto retraso en el crecimiento asociado al TDAH en sí mismo (no a ningún tratamiento). Estos retrasos se normalizan en la adolescencia del menor, por lo que los niños y niñas afectados por el TDAH crecen más lentamente pero finalmente logrando una talla promedio.

En cuando al nerviosismo, se debe al llamado efecto rebote que producen los fármacos de vida media corta, consistiéndo en la exacerbación o empeoramiento de los síntomas pasadas de tres a cinco horas tras tomar la dosis. Se puede paliar distribuyendo la dosis a lo largo del día, añadiendo una dosis baja tras terminar la jornada lectiva, o bien utilizando metilfenidato en su forma de liberación prolongada o clonidina (un agonista α-adrenérgico).

Las alteraciones del sueño normalmente toman la forma de insomnio de conciliación, para el cual también se puede hacer uso de la clonidina, antihistamínicos suaves o benzodiazepinas, siempre según el criterio del especialista que lleve el caso.

Eventos adversos graves

No son pocos quienes opinan que los peligros de estos medicamentos son demasiado importantes como para considerar siquiera usarlos, creyendo que la probabilidad de eventos adversos graves es demasiado elevada. Estos eventos se definen como aquellos que pueden causar un daño fatal o irreversible al sujeto que los toma, como sería el caso de las arritmias o incluso el riesgo de infarto. Dicha preocupación es compresible, pero es necesario atender a los datos de los que disponemos y no solamente a “lo que se dice”.

Ciertamente, existe cierta alarma social en relación a la salud cardíaca de los menores que toman estimulantes como el metilfenidato o las anfetaminas, la cual se origina en el año 2005, cuando el Sistema de Salud Canadiense retiró de las farmacias el Adderall (un compuesto de anfetaminas que no se vende en Europa) por una supuesta implicación en varios casos de muerte súbita, si bien tras ello se investigó lo sucedido y se determinó que no estaban relacionados con el uso del medicamento y de hecho fue aprobado nuevamente al poco tiempo.

En suma, la retirada del Adderall fue precipitada y no se basó en ninguna evidencia, sembrando el pánico entre padres y médicos injustificadamente. Tras la investigación pertinente, se concluyó que las tasas de muerte súbita en niños que toman el medicamento son idénticas a las de población general de niños, por lo que no altera las probabilidades de estos sucesos.

Lamentablemente, la alarma creada y la desinformación que llevó a ella creó preocupación y miedos que aún hoy están muy presentes. Hay que decir que hoy día aún se realizan investigaciones al respecto, por lo que cada vez tenemos más datos que nos aseguran lo seguro que es usar estos medicamentos. Para que nos hagamos una idea, estadísticamente el riesgo para la vida del menor es treinta veces menor en el caso del uso de metilfenidato que si se sube a un coche.

Otro tema que suele preocupar a padres y madres es si a largo plazo sus hijos podrían desarrollar problemas de abuso de sustancias, argumentando normalmente que estos puedan ver como normal y/o aceptable la ingesta de químicos. Existen varios estudios al respecto y todo parece indicar que los adolescentes tratados con estimulantes como el metilfenidato tienden a tener menos problemas en este sentido que aquellos que no reciben tratamiento.

Aspectos positivos

Para terminar, y aunque los desarrollaremos en más detalle en futuras entradas, como aspectos positivos el metilfenidato mejora los síntomas principales del TDAH, así como el comportamiento general y la calidad de vida, aunque la magnitud de estos efectos es variable entre sujetos. La investigación ha demostrado que el metilfenidato resulta eficaz (alrededor del 70% de éxito), siéndolo todavía más cuando se usa en un plan terapéutico mayor (incluyendo intervenciones psicosociales), permitiendo a los niños y niñas estar sentados y concentrados en el aula y disminuyendo el rechazo que sufren por parte de sus compañeros.
La evidencia en cambio apunta a que un TDAH no tratado podría desembocar en fracaso escolar, abuso de sustancias y aumento del riesgo de verse envueltos en problemas con la ley. Como vemos, serían estos problemas con cierto componente social, que hacen pensar que los síntomas no tratados pueden crear desarraigo social en el sujeto, siendo este el origen de los problemas posteriores.
Con todo lo dicho hasta este momento, podemos afirmar que el tratamiento con metilfenidato aporta beneficios, mientras que los efectos secundarios adversos que pueden surgir son controlables, siguiendo siempre las pautas del especialista.

Nota del Editor: Pese a los consejos previamente apuntados, si tú o tus hijos tenéis prescrito algún psicofármaco, no dejéis de tomarlo ni modifiquéis las tomas sin consultar antes al especialista que lo recetó. El TDAH es un trastorno sobre el que cada día aprendemos más y los tratamientos habitualmente usados tienen en cuenta los datos disponibles y buscan siempre la mejor relación coste/beneficio para el paciente. Si temes estar sufriendo algún efecto adverso, comunícaselo para que realice, en su caso, las comprobaciones pertinentes.

Fuentes:

Methylphenidate for attention deficit hyperactivity disorder (ADHD) in children and adolescents – assessment of adverse events in non-randomised studies, por Jakob Storebø, Nadia Pedersen, Erica Ramstad, Maja Lærke Kielsholm, Signe Sofie Nielsen, Helle B Krogh, Carlos R Moreira-Maia, Frederik L Magnusson, Mathilde Holmskov, Trine Gerner, Maria Skoog, Susanne Rosendal, Camilla Groth, Donna Gillies, Kirsten Buch Rasmussen, Dorothy Gauci, Morris Zwi, Richard Kirubakaran, Sasja J Håkonsen, Lise Aagaard, Erik Simonsen, Christian Gluud.

O su resumen en castellano AQUÍ.

El trastorno de déficit de atención/hiperactividad en la consulta del pediatra. Algunas sugerencias. Por J.Artigas Pallarés.

Metilfenidato para el TDAH en niños y adolescentes: un análisis de sus efectos. Por Mauro Colombo.

Guía de Práctica Clínica sobre las Intervenciones Terapéuticas en el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH).

Modelos psicológicos del TDAH: Thomas Brown

Como dije en anteriores entradas, el TDAH es un trastorno complejo del que aún estamos aprendiendo día a día, lo que en parte explica toda la desinformación y confusiones que hay al respecto. Por ello quisiera hacer un repaso a los principales modelos explicativos y si anteriormente hablé del modelo de Barkley, hoy lo haré del de Brown, un modelo explicativo centrado en la afectación de las capacidades cognitivas complejas.

Brown considera que hay seis funciones ejecutivas afectadas: Activación, Concentración, Esfuerzo, Emoción, Memoria y Acción, las cuales le sirven al individuo para poder desenvolverse día a día. Mediante estos elementos, el profesor Thomas Brown pretende explicar por ejemplo por qué un niño con TDAH parecer ser capaz de ver la tele o jugar a la consola sin problemas, pero sí padece ante tareas más complejas. Veamos.

La Activación es la capacidad de empezar una tarea, priorizándola por encima de otras, capacidad bastante afectada en los niños y niñas que padecen TDAH, quienes por su edad nos parece a veces que ya deberían saber distinguir la importancia de ciertas actividades (como hacer los deberes o estudiar). Al no realizarse la activación correctamente, se posponen las tareas, dejándolas para más adelante, solo realizándolas cuando el plazo está a punto de terminarse o cuando se vuelven muy urgentes, a veces siquiera eso.

Es por ello que luego deben llevarlas a cabo atropelladamente, con prisas y cometiendo errores en el proceso, que seguramente no hubieran hecho de realizarla con previsión. Lo peor es que estos niños y niñas se pueden acostumbrar a este ritmo de trabajo, siendo para ellos habitual no hacer el trabajo en el momento y luego tener que hacerlo a toda prisa, no aprendiendo a dosificar sus esfuerzos.

La Concentración por otra parte, es la capacidad de mantenerse la atención centrada en una tarea, función igualmente alterada en los sujetos que padecen TDAH. Tanto niños como adultos se distraerán muy fácilmente con cualquier estímulo ajeno a la tarea en cuestión (música, la vibración del móvil o incluso sus propios pensamientos, entre otros). Por ello dan la impresión de quedarse soñando despiertos con asiduidad.

El Esfuerzo es la función requerida cuando el sujeto debe permanecer procesando y trabajando con la información cuando empiezan a agotarse. Los afectados por TDAH suelen acabar sin problema proyectos de corta duración o que les motiven mucho, manifestando grandes dificultades cuando la tarea a realizar requiere un trabajo sostenido en el tiempo. Esto se relaciona con las dos funciones antes mencionadas, pues al tardar en activarse, empiezan más tarde, al tiempo que se cansan más pronto que otros debido a las dificultades para concentrarse, lo que les causa un mayor agotamiento y desgaste, requiriendo pues mayor esfuerzo para terminar el trabajo.

Por otra parte estaría la Emoción, término referido efectivamente a la capacidad para gestionar las propias emociones, que también suele estar afectada en quienes padecen TDAH, si bien este síntoma parece ser menos conocido que los otros. Sobre todo en los menores, quienes suelen tener bastantes dificultades para lidiar con sus frustraciones y sus emociones, positivas y negativas. En este sentido el menor parecerá más inmadura que sus pares, manifestando conductas y actitudes que normalmente se asocian con niños de menor edad. Cuando estos niños y niñas sienten rabia, por ejemplo, parece que les sea imposible atender o pensar en otra cosa, no logrando calmarse hasta que tras un rato se les pasa.

Por ello podemos describir a estos niños como más sensibles a los problemas emocionales, reaccionando más acaloradamente a las discusiones, reprimendas, preocupaciones y demás, agravando esto sus dificultades atencionales. Si cuando estamos preocupados, tristes o enfadados nos cuesta más concentrarnos, en el caso del TDAH este efecto es todavía mayor.

En quinto lugar el modelo lista como función afectada a la Memoria, ya que si bien su memoria a largo plazo está en perfectas condiciones, estos sujetos pueden ver afectada su capacidad para recordar qué se les ha dicho hace unos instantes, qué tenían que hacer o incluso lo que iban a decir ellos mismos. Esto sucede por las dificultades para mantener las ideas en mente, pues cualquier distracción hace que cambien el foco atencional, sustituyendo la idea que se tenía por otro pensamiento no relacionado. Así mismo, manifiestan problemas para recordar información ya memorizada, pero pueden acordarse de esos mismos datos cuando no los necesitan. Podemos decir que memorizan la información, pero que a la hora de recuperarla de la memoria padecen dificultades, una vez más por los problemas de concentración.

Vemos que cada función se relaciona con las demás, pero aún queda una, la llamada Acción, referida al poder regular las propias acciones. Cuando imaginamos un niño que padece TDAH, no es difícil imaginar que le cueste contenerse en sus conductas, pero esta afectación aparece incluso en los niños que no poseen este síntoma. Esto es debido a la impulsividad, síntoma que les impele a manifestar una conducta nada más se presenta esta en su mente, sin reflexionar sobre su conveniencia. Además, presentan problemas para contextualizar dichas acciones, pudiendo tener dificultades para percibir los sentimientos ajenos en un primer momento, no porque no los entienda sino porque no atienden a las claves que los indican. Con todo ello sumado, los niños con TDAH suelen actuar y luego tener además dificultades para rectificar dicha acción si esta resultó ser poco oportuna.

Así mismo, sufren problemas para regular el ritmo de sus acciones, pudiendo saltar de una a otra, dejándolas a medio hacer (incluso aquellas que les gustan), no pudiendo disminuir su ritmo cuando la tarea requiere ir con cuidado o acelerarlo si deben terminarla a tiempo.

Este modelo resulta interesante para explicar la sintomatología del TDAH, ya que la gran mayoría de afectados, niños y adultos, por este trastorno, sufren problemas en las seis funciones mencionadas de forma crónica, sufriendo por ello afectación en su día a día.

 

Fuentes:

Modelos explicativos de las FFEE en el TDAH, en Fundación CADAH

Modelo del Trastorno de Déficit de Atención desarrollado por el Dr. Brown

Attention Deficit Disorder: The Unfocused Mind in Children and Adults, por Thomas E. Brown.

Manual de Diagnóstico y Tratamiento de TDAH. Por Soutullo y Díez.

La guarda y custodia compartida y el síndrome de alienación parental (SAP)

El pasado día 8 se celebró el Día Internacional de la Mujer, celebrándose múltiples manifestaciones cuyo objeto era declamar que todavía hoy existen notables diferencias en la forma en que la sociedad trata a mujeres y hombres, favoreciendo en general a estos últimos. Dichas manifestaciones congregaron a una cantidad de gente importante, lo que dice mucho acerca de las necesidades que aún hoy tenemos en este aspecto y que la sociedad demanda solventar. Igualmente, ese día las redes se inundaron con las opiniones de unos y otros al respecto, pero aunque se seguirán hablando de estos temas seguramente hasta tiempo después que logremos solucionarlos, los derechos de la mujer no deberían reivindicarse un solo día. Por ello, quisiera hablar sobre algunos aspectos de mi área de conocimiento, la psicología jurídica, en relación a como trata la justicia a las mujeres en general y a las víctimas de violencia de género en particular.

Manifestación por el día internacional de la mujer de 1917 en Petrogrado (hoy San Petersburgo)

Hace ya unos años el grupo de expertos en Violencia de Género del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) elaboró una guía con la que pretendía aclarar ciertos aspectos de estos casos que parecían generar confusión o tener tendencia a ser malinterpretados por diversos motivos. Entre otras aclaraciones, los expertos contaban que ante casos de violencia contra la mujer, cuando hubiere hijos fruto de la relación, el agresor jamás debería poder compartir dicha custodia.

Sin ir más lejos, el artículo 92.7 del código Civil dice textualmente que “No procederá la guarda conjunta cuando cualquiera de los padres esté incurso en un proceso penal iniciado por atentar contra la vida, la integridad física, la libertad, la integridad moral o la libertad e indemnidad sexual del otro cónyuge o de los hijos que convivan con ambos. Tampoco procederá cuando el Juez advierta (…) la existencia de indicios fundados de violencia doméstica”.

En relación a lo anterior, a veces se alega para que pueda darse dicha custodia compartida, que el menor está siendo afectado por el “síndrome de alienación parental” o SAP, el cual cabría recordar que ni tiene, ni tuvo nunca base científica alguna. Este mal llamado síndrome es, por tanto, poco más que un estereotipo pernicioso, cuyos pretendidos síntomas pueden explicarse mejor de muchas otras formas.

Pese a ello, aún hoy día resulta muy común que en el objeto de una pericial se nos demande que determinemos si existe o no el SAP en el caso en cuestión. Resulta fácil pues contestar a esta pregunta, si bien habremos de entender que lo que en realidad se nos solicita es que determinemos si alguno de los progenitores está influyendo negativamente al menor, poniéndolo consciente o inconscientemente en contra del otro sin que haya ninguna base racional para ello.

Por si todo lo anterior fuera poco, el tribunal Supremo fijó en su día doctrina respecto a este tema, estableciendo que “la adopción de una guardia y custodia no depende del informe favorable del fiscal sino de la valoración que merezca al juez la adecuación de una medida u otra en base al interés del menor.”

Pese a ello, no es raro encontrarse que en la vista de un juicio se pregunta, viniera indicado este tema en el objeto de la pericial o no, si podría existir en dicho caso el SAP. Me temo que se trata de uno de esos mitos que se perpetúan  pese a que nunca tuvieron fundamento, como aquel que dice que solamente usamos un 10% de nuestro cerebro o que las vacunas provocan autismo. Mitos que a la larga se convierten en mentiras dañinas.

El SAP en concreto, supone un intento de minimizar, de restarle importancia a la violencia que se ejerce sobre las mujeres y a otra clase de conductas machistas más sutiles. Por ello, simplemente aceptar que se enarbole este argumento como una posible razón a tener en cuenta en un procedimiento de guarda y custodia supondría vulnerar los derechos de los menores, exponiéndolos al daño del que supuestamente las instituciones legales deberían estar protegiéndolos.

Bueno, ¿y entonces de dónde viene este síndrome? Por supuesto que no surge de la nada, sino que fue creado por un médico en 1985, precisamente cuando se encontraba en pleno litigio por la custodia de sus hijos. El médico, llamado Richard Gardner, argumentaba que la madre alienaba a sus hijos y que durante el tiempo que estos pasaban con ella, la mujer los condicionaba poniéndolos en su contra, por lo que consideraba que debía ser él quien detentara la custodia. Y no solo eso, pues añadía a su razonamiento y peticiones que debería ordenarse un tratamiento para solucionar la situación. Al escuchar esta historia uno podría preguntarse qué pruebas aportó el médico para sostener su causa, pero la verdad es que no fue capaz de aportar nada más allá de su opinión e impresiones personales.

Tras este evento, y por mucho que algunos se empecinaron en ello, no se encontró nunca pruebas que lo apoyaran. En concreto, Gardner basó su vida profesional casi completamente en el SAP, recomendando como supuesto experto que en los casos de abuso sexual infantil, a los que consideraba una histeria colectiva, sería recomendable dar la guarda y custodia al presunto abusador.

Así pues, el SAP nunca ha llegado a ser reconocido por ninguna asociación profesional ni científica, siendo rechazado por todos los sistemas diagnósticos reconocidos, como el DSM o el CIE en sus diversas revisiones. La propia Asociación Americana de Psicología (APA) decía al respecto que “no existe ninguna evidencia científica que avale este supuesto síndrome”.

Según las investigaciones, la realidad tras el rechazo de algunos menores frente a las visitas del progenitor no custodio suelen poder ser explicado mejor por la propia ansiedad que padece el menor tras la separación, por la ausencia del progenitor custodio o por la existencia de violencia previa contra él o contra la madre. Así pues, atribuir por defecto dicha aversión a una manipulación por parte de la progenitora en base al supuesto síndrome, no es sino aplicar una teoría pseudocientífica.

Recordemos, no obstante, que no es lo mismo un caso donde ambos progenitores parten de las mismas condiciones pero el menor o los menores manifiestan su preferencia de estar con uno de ellos, que aquellos casos en que hay indicios de violencia de género o contra los propios menores. En los primeros, muchas veces se decide en contra de la voluntad del menor, por ejemplo cuando este es demasiado pequeño para entender la situación, pero siempre buscando el mayor beneficio para él o ella. Por ello mismo, en los segundos no debería caber posibilidad de compartir la custodia.

Y es que durante todo el proceso judicial, inclusive al fijar las medidas de custodia y visitas, se buscará siempre “preservar y garantizar la integridad tanto física como psíquica del menor”. Por ello, en casos donde se encuentren los citados indicios de violencia, debería realizarse un informe pericial acerca de la idoneidad de que los menores tengan contacto con el progenitor agresor, por ejemplo en forma de visitas.

Según explicaba la guía de CGPJ, existiría la tendencia en algunas Audiencias Provinciales a exigir que se probara la existencia de ánimo de dominar a la mujer para calificar un delito como de violencia de género. Recordemos, sin embargo, que los expertos en violencia doméstica consideran que es innecesario probar tal eventualidad, ya que por defecto forma parte de este tipo de violencia, al ejercerse esta en el ámbito de la pareja y ser producto de la relación desigual entre ambos sexos, así como de la dominación histórica entre hombres y mujeres.

 

Fuentes:

La custodia compartida no cabe nunca en casos de violencia de género. Visto en Europa Press.

Código Civil.

Síndrome de alienación parental. Información de apoyo extraída de Wikipedia.

 

Ciencia, niños y TDAH

Recientemente los científicos del Instituto de Ciencia y Tecnología de la Universidad de Okinawa en Japón publicaron los resultados de su investigación, la cual versaba sobre el trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH).

Lo curioso del caso es que lo hicieron en una publicación dirigida a niños y adolescentes llamada Frontiers for Young Minds (Fronteras para las Mentes Jóvenes). El objetivo de esta revista digital es enseñar a los más jóvenes cómo funciona el método científico y que comprendan un poco mejor diversos aspectos de la ciencia a los que normalmente no tienen acceso en el entorno escolar.

El texto se centra principalmente en la influencia que tiene el TDAH en los menores que lo sufren, pero también expone cómo la investigación al respecto pretende no solo entenderlo sino también determinar cómo afecta a los procesos cerebrales y qué efectos tiene en la conducta diaria.

Los niños con TDAH son muchas veces incomprendidos y etiquetados como niños problemáticos y/o poco motivamos por el profesorado y por sus propios padres. Tienden a padecer más dificultades en sus actividades diarias, dificultades que a veces se mantienen al convertirse en adultos. Queremos averiguar por qué sucede esto.” Comenta la Dra. Emi Furukawa de la Universidad de Okinawa.

A día de hoy, aunque los tratamientos son cada vez más efectivos y accesibles, dicha eficiencia se ve limitada por nuestra falta de conocimiento respecto a la neurobiología del TDAH, al ser esta una enfermedad descubierta hace poco relativamente y por tanto menos investigada que otras patologías más conocidas.

Sabemos que ciertas intervenciones de tipo terapéutico y farmacológico ayudan a reducir los síntomas del TDAH, pero lo cierto es que no sabemos exactamente por qué no siempre funcionan” añade la doctora Furukawa, “por lo que queremos saber qué sucede exactamente en el cerebro de estos niños y niñas para mejorar dichos tratamientos”.

Los investigadores se centraron en estudiar el núcleo estriado, conocido por ser el centro de recompensas y el placer. Se le pidió a grupos de estudiantes con y sin TDAH que realizasen una tarea sencilla mientras se les aplicaba un escáner de imagen por resonancia magnética funcional o IRMf, para medir la actividad del estriado cuando estaban esperando la recompensa prometida por hacer dicha tarea, y también cuando la entrega del premio era retrasada a propósito.

La IRMf mostró que el estriado de los estudiantes sin TDAH se activaba más al anticipar la recompensa, ayudándoles a mantenerse centrados en la tarea al saber que el premio sería entregado después. Los niños y niñas con TDAH por su parte, mostraron un patrón totalmente inverso, con mayor activación cuando recibían la recompensa pero no cuando estaban esperándola. Esto causaría un efecto negativo en su habilidad para mantenerse concentrados si no hay una recompensa inmediata, pues en vez de mantener sus esfuerzos para lograr la meta se verían más motivados al ya haber sido recompensados.

Por ello, los tratamientos psicológicos y educativos deberían tener en cuenta que con estos niños las recompensas funcionan mejor si son aplicadas en el momento y con mayor frecuencia, aunque para los padres y el profesorado esto puede ser un problema pues puede resultar difícil dejar de pensar “¿por qué debería recompensar más a un niño que se porta peor?”

En este estudio el equipo de Furukawa usó para la revisión por pares (revisión a la que toda publicación científica debe someterse para ser considerada válida) a niños además de los métodos más tradicionales, y comentaban que esto les resultó extremadamente beneficioso. Según cuentan, fueron estos niños y niñas los que se planteaban cuestiones en las cuales ninguno de los revisores con prestigio científico había pensado, como por ejemplo si había alguna zona del cerebro que se activaba tanto en los grupos con TDAH como en los que no lo padecen y en caso afirmativo por qué, y cuál sería su función.

Puede parecer una pregunta básica, pero hay que entender que cuando uno domina una disciplina, puede tender a asumir ciertos aspectos de la misma, mientras que los niños con su inocencia abordan el tema preguntándoselo todo y es precisamente esto lo que les lleva a hacerse preguntas verdaderamente interesantes.

Este tipo de investigaciones nacen pues con varios objetivos en mente. El primero, más evidente y clásico, obtener nuevos conocimientos respecto a una disciplina científica concreta, pero también que la publicación resultante sea comprensible por los más jóvenes y responda a sus preguntas, y por último integrar a estos en el propio proceso científico para así fomentar su conocimiento general de este método y su interés en la ciencia en sí misma.

En palabras de la doctora, “Los niños tienen una forma distinta de ver el mundo y como científicos a veces te hacen replantearte el modo en que querías explicar tu investigación. Además, este sistema nos ayuda a formar a las futuras generaciones de científicos.”

Fuentes y artículos para ampliar información:

Instituto de Grado Universitario de Ciencias y Tecnología de Okinawa.

Explicando científicamente el TDAH a los niños.

Centrar la atención es difícil. Respuesta cerebral a las recompensas en TDAH.

Imagen por resonancia magnética funcional.

Revisión por pares.