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Ciencia, niños y TDAH

Recientemente los científicos del Instituto de Ciencia y Tecnología de la Universidad de Okinawa en Japón publicaron los resultados de su investigación, la cual versaba sobre el trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH).

Lo curioso del caso es que lo hicieron en una publicación dirigida a niños y adolescentes llamada Frontiers for Young Minds (Fronteras para las Mentes Jóvenes). El objetivo de esta revista digital es enseñar a los más jóvenes cómo funciona el método científico y que comprendan un poco mejor diversos aspectos de la ciencia a los que normalmente no tienen acceso en el entorno escolar.

El texto se centra principalmente en la influencia que tiene el TDAH en los menores que lo sufren, pero también expone cómo la investigación al respecto pretende no solo entenderlo sino también determinar cómo afecta a los procesos cerebrales y qué efectos tiene en la conducta diaria.

Los niños con TDAH son muchas veces incomprendidos y etiquetados como niños problemáticos y/o poco motivamos por el profesorado y por sus propios padres. Tienden a padecer más dificultades en sus actividades diarias, dificultades que a veces se mantienen al convertirse en adultos. Queremos averiguar por qué sucede esto.” Comenta la Dra. Emi Furukawa de la Universidad de Okinawa.

A día de hoy, aunque los tratamientos son cada vez más efectivos y accesibles, dicha eficiencia se ve limitada por nuestra falta de conocimiento respecto a la neurobiología del TDAH, al ser esta una enfermedad descubierta hace poco relativamente y por tanto menos investigada que otras patologías más conocidas.

Sabemos que ciertas intervenciones de tipo terapéutico y farmacológico ayudan a reducir los síntomas del TDAH, pero lo cierto es que no sabemos exactamente por qué no siempre funcionan” añade la doctora Furukawa, “por lo que queremos saber qué sucede exactamente en el cerebro de estos niños y niñas para mejorar dichos tratamientos”.

Los investigadores se centraron en estudiar el núcleo estriado, conocido por ser el centro de recompensas y el placer. Se le pidió a grupos de estudiantes con y sin TDAH que realizasen una tarea sencilla mientras se les aplicaba un escáner de imagen por resonancia magnética funcional o IRMf, para medir la actividad del estriado cuando estaban esperando la recompensa prometida por hacer dicha tarea, y también cuando la entrega del premio era retrasada a propósito.

La IRMf mostró que el estriado de los estudiantes sin TDAH se activaba más al anticipar la recompensa, ayudándoles a mantenerse centrados en la tarea al saber que el premio sería entregado después. Los niños y niñas con TDAH por su parte, mostraron un patrón totalmente inverso, con mayor activación cuando recibían la recompensa pero no cuando estaban esperándola. Esto causaría un efecto negativo en su habilidad para mantenerse concentrados si no hay una recompensa inmediata, pues en vez de mantener sus esfuerzos para lograr la meta se verían más motivados al ya haber sido recompensados.

Por ello, los tratamientos psicológicos y educativos deberían tener en cuenta que con estos niños las recompensas funcionan mejor si son aplicadas en el momento y con mayor frecuencia, aunque para los padres y el profesorado esto puede ser un problema pues puede resultar difícil dejar de pensar “¿por qué debería recompensar más a un niño que se porta peor?”

En este estudio el equipo de Furukawa usó para la revisión por pares (revisión a la que toda publicación científica debe someterse para ser considerada válida) a niños además de los métodos más tradicionales, y comentaban que esto les resultó extremadamente beneficioso. Según cuentan, fueron estos niños y niñas los que se planteaban cuestiones en las cuales ninguno de los revisores con prestigio científico había pensado, como por ejemplo si había alguna zona del cerebro que se activaba tanto en los grupos con TDAH como en los que no lo padecen y en caso afirmativo por qué, y cuál sería su función.

Puede parecer una pregunta básica, pero hay que entender que cuando uno domina una disciplina, puede tender a asumir ciertos aspectos de la misma, mientras que los niños con su inocencia abordan el tema preguntándoselo todo y es precisamente esto lo que les lleva a hacerse preguntas verdaderamente interesantes.

Este tipo de investigaciones nacen pues con varios objetivos en mente. El primero, más evidente y clásico, obtener nuevos conocimientos respecto a una disciplina científica concreta, pero también que la publicación resultante sea comprensible por los más jóvenes y responda a sus preguntas, y por último integrar a estos en el propio proceso científico para así fomentar su conocimiento general de este método y su interés en la ciencia en sí misma.

En palabras de la doctora, “Los niños tienen una forma distinta de ver el mundo y como científicos a veces te hacen replantearte el modo en que querías explicar tu investigación. Además, este sistema nos ayuda a formar a las futuras generaciones de científicos.”

Fuentes y artículos para ampliar información:

Instituto de Grado Universitario de Ciencias y Tecnología de Okinawa.

Explicando científicamente el TDAH a los niños.

Centrar la atención es difícil. Respuesta cerebral a las recompensas en TDAH.

Imagen por resonancia magnética funcional.

Revisión por pares.

Cómo controlar tus emociones

Todos tenemos emociones y sentimientos, es algo natural en el ser humano. Sin embargo, bien cierto es que a veces estas emociones nos pueden perjudicar al nublar nuestro juicio, haciéndonos tomar malas decisiones. Además, cada uno tiene una forma de sentir y de expresar dichas emociones, por lo que las personas especialmente proclives a las emociones intensas pueden tener más dificultades en este sentido.

Un claro ejemplo sería el de quienes sufren el Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH), pues manifiestan mayores dificultades para dejar de lado actividades que les resultan placenteras e interesantes. Debido a su impulsividad, se dejan llevar por las emociones como la alegría y les cuesta detenerse a considerar qué consecuencias tendrá su conducta. Por ejemplo podrían pasarse una cantidad de horas excesiva jugando a la videoconsola en lugar de trabajar o entrar a comprar algo que han visto en un escaparate sin reflexionar sobre su precio o sobre si lo necesitan realmente.

Por supuesto, los problemas de gestión emocional no solamente tienen su origen en trastornos psicológicos, sino que también pueden deberse a la forma de ser de la persona o a conductas e ideas aprendidas y reforzadas a lo largo de los años. Sin embargo, en todos los casos sería recomendable modificar este patrón de comportarse y sentir, aumentando la capacidad de control emocional y logrando expresar nuestras emociones de una forma más saludable.

Problemas derivados de no controlar las emociones

Una persona que por algún motivo se deja llevar frecuentemente por sus emociones puede padecer gran diversidad de problemas. Algunos ejemplos serían:

  • Conductas impulsivas: Es decir, actuar dejándose llevar por las emociones sin detenerse a pensar antes en sus consecuencias, por ejemplo dimitiendo en cuanto nos sentimos presionados aun cuando nos es vital el trabajo y no tenemos perspectiva de encontrar otro empleo.

  • Falta de motivación: Cuando las emociones son tan intensas aparecen dificultades para empezar, mantener y finalizar tareas que no resultan intrínsecamente interesantes. Las actividades placenteras lo son mucho, mientras que las aburridas o desagradables lo son más que para el resto.

  • Contarlo todo a todos: Aunque se nos diga lo contrario muchas veces, nadie comparte sus sentimientos continuamente y esto es porque a menos que estos sean intensos no tenemos realmente la necesidad de hacerlo. Una emocionalidad excesiva implicará expresar las emociones de forma continua, incluso en contextos poco apropiados como el trabajo, intentando calmar a tus hijos, etc. No obstante, es muy importante aceptar las emociones propias y expresarlas, pero hay que saber cómo y cuándo hacerlo.

  • Olvidar el punto de vista de los demás: Si tenemos siempre muy presentes nuestras emociones, nos es más difícil dejarlas un momento de lado para atender a cómo se siente el otro para poder así atender a sus necesidades y/o solucionar una disputa. Sería el caso de aquellas personas que parecen dramatizar excesivamente sus problemas, pero en cambio no atienden a los de sus conocidos o les restan importancia.

  • Mostrar continua y/o excesivamente emociones negativas, como la ira: Las emociones negativas tienen su razón de ser. Mediante ellas logramos que los demás sepan cuando algo nos molesta o cuando nos sentimos mal y necesitamos su ayuda o que rectifiquen su comportamiento, actuando pues una herramienta social. Sin embargo, expresar de forma continuada nuestras frustraciones hace que los demás les resten importancia al interpretar que nos sentimos así a la mínima y que por tanto ellos nada pueden hacer. Lógicamente esto resulta pernicioso en cuanto al mantenimiento de nuestras relaciones con familia, amigos, pareja o incluso en contextos laborales o académicos.

Cómo gestionar nuestras emociones

Como vemos, evitar este tipo de problemas es vital y para ello lo primero es tener claro cuando nos sucede. Si crees que es tu caso o el de alguien que conoces, la solución estriba en aprender mejores métodos para gestionar nuestro estrés, estrategias para controlar las emociones cuando no sea conveniente expresarlas y saber detectar cuáles son esas situaciones. Estos son algunos consejos que podrán servirte para mejorar tu gestión emocional:

  • Gestionar el estrés: Todo el mundo se siente abrumado y estresado alguna vez. El estrés, aunque no sea algo necesariamente negativo pues nos ayuda a centrarnos en la tarea y afrontarla, sí que lo es cuando excede nuestros recursos y nos sobrepasa. Para evitar llegar a tu límite, en la medida en que te sea posible organiza tu trabajo y tareas, declina aquellos encargos que sepas que no podrás realizar en estos momentos y mantente activo pero evitando agotarte. Se trata de buscar un equilibrio, de modo que el progreso en tus obligaciones sea continuo pero que tengas espacio para ti mismo y tu descanso, tanto físico como mental.

  • Duerme suficiente: Consejo básico, pero que a muchos se nos olvida con frecuencia. Si duermes las horas necesarias (7 u 8 horas cada noche, según persona), al despertar te será más sencillo mantener una actitud positiva y menos reactiva emocionalmente hablando.

  • Reserva tiempo para ti mismo: Es muy importante poder hacer lo que uno quiere de cuando en cuando. Nos pasa a menudo que cuando no estamos trabajando tenemos otras obligaciones que cumplir e incluso cuando cumplimos con esta aún hay otras cosas que aunque nos gusten, tenemos que hacer sí o sí y esto no siempre resulta satisfactorio, como puede ser por ejemplo pasar el día con la familia o con los amigos si ya habíamos quedado previamente con ellos. Por eso es importante intentar reservar momentos que pertenezcan a uno mismo, momentos en que decidas solamente tú qué te apetece hacer y lo hagas. Quizás hagas ejercicio, vayas al cine o dediques tiempo a tus hobbies, tal vez incluso al final quieras compartir tu tiempo con tus seres queridos, pero en todo caso será tu decisión y no una imposición, y esto es lo importante. De esta forma obtendremos un poco de reposo mental que rebajará nuestro nivel de estrés.

  • Haz ejercicio: La actividad física regular también ayuda a reducir los niveles de estrés y ansiedad. No es importante el tipo de ejercicio que realices siempre y cuando lo hagas con regularidad, por lo que puedes escoger aquel que te agrade o convenga más. Tu propio organismo lo agradecerá y su química propiciará que te mantengas positivo.

  • Evita situaciones que te afecten emocionalmente: Cuando te veas superado por la ira o la tristeza, toma nota de qué ha sucedido para que te sientas así y si es posible evita este tipo de situaciones en un futuro. Esto es importante ya que resulta más sencillo evitar una emoción que controlarla una vez se ha generado. Por supuesto, resulta imposible evitar todas las situaciones que te produzcan malestar, pero no se trata de huir siempre de todas ellas pues como dije antes las emociones tienen un propósito y utilidad. Lo que en realidad se debe hacer es valorar cuales merecen la pena según el desgaste emocional que potencialmente pueden causar y cuáles no.

  • Prepárate para cuando no puedas evitarlas: Cómo dije antes, no siempre podemos evitar las situaciones que nos alteran, así que conviene tener pensado de antemano cómo actuaremos si ocurren. Por ejemplo, si por alguna razón esperamos que se produzca una discusión con otra persona por un motivo específico, podemos imaginar los diferentes comportamientos y respuestas que puede presentar y cuál sería la mejor conducta a seguir según las consecuencias de cada opción. Tener una respuesta preparada para cada posibilidad minimizará las posibilidades de quedarnos bloqueados y vernos superados por nuestras emociones. Si la ocasión lo permite puedes incluso redactar algunos apuntes para repasar antes del evento, sería el caso por ejemplo de una entrevista de trabajo.

  • Ponte en el lugar del otro: Cuanto más relación tenemos con las personas, más tendemos a liberar nuestras emociones ante ellos, siendo esto un acto de confianza o debido a la mera costumbre de tenerlos siempre cerca. Sin embargo, esta costumbre también puede provocar que nuestra primera reacción ante ellos sea la expresión emocional, la cual recordemos que dificulta atender a las emociones ajenas, lo cual a su vez complica entender su punto de vista y el entendimiento mutuo. Aunque cuando nos sentimos presionados, estresados o atacados tendemos a justificar nuestra forma de sentir y por defecto creemos que tenemos razón, hay veces en que reaccionamos contra los demás por motivos que no necesariamente tienen relación con nuestro interlocutor o con sus acciones. Por eso deberíamos intentar hacer un esfuerzo por entender los puntos de vista ajenos, lo cual nos ayudará a establecer un diálogo pacífico y además a controlar nuestras emociones.

  • Buscar tratamiento cuando sea necesario: A veces las respuestas emocionales no adaptativas se deben a trastornos de diferente índole y además algunos de ellos propician la aparición de otros. Por ejemplo los adultos con TDAH presentan más a menudo ansiedad y procesos depresivos. Cuando aparecen síntomas de este tipo y no se recibe tratamiento, el control emocional empeora cada vez más en una espiral de negatividad que difícilmente se solucione de forma espontánea. Por ello, si es necesario no dudes en buscar ayuda profesional.

  • Tómate un respiro: He hablado de dedicar tiempo a uno mismo pero, ¿qué pasa cuando necesitamos un momento para calmarnos ahora mismo? Puede darse el caso por ejemplo en que una discusión vaya tensando cada vez más a quienes intervienen en ella, frustrándolos y aumentado su enfado en vez de ir este a menos. En esos casos quizás lo mejor sea tomarse unos minutos para reflexionar y calmarse. Por ello, si ves que esto sería lo más inteligente en tu caso, indícalo a la otra persona y pídele por favor que te deje pensar un momento, añadiendo si es necesario que no pretendes evadir el tema, sino calmarte para lograr solucionar el problema. Por otra parte, ten en cuenta que todos podemos vernos sobrepasados por nuestras emociones, así que si es tu interlocutor quién te pide un momento de pausa, no dudes y concédeselo.

  • Separa la acción de la reacción emocional: Es un hecho que nuestras emociones influyen notablemente en nuestras acciones, pero eso no quiere decir que estemos obligados a actuar según nos dicte nuestra forma de sentir. Para evitar que una emoción nos lleve irremisiblemente a una acción debemos ser plenamente conscientes de cómo nos sentimos y saber también cómo nos afecta esto. Para ello existen varias técnicas, siendo una de las más populares el Mindfulness.

  • Informa a los demás de tus patrones emocionales: Cada persona es un mundo, pero aun así tendemos a pensar que el resto vive y siente las cosas igual que nosotros. Quizás los demás puedan tener dificultades para entender tus reacciones y esto crea conflicto entre vosotros. Para evitarlo, explica a aquellos con quien tengas mayor relación (familia, amigos íntimos, etc.) que a veces te dejas llevar sin querer por tus emociones, pero que luego reflexionas y recapacitas. Esto te puede ayudar a que sepan que en vez de reaccionar ante tus arranques emocionales, suele ser más conveniente dejarte un momento para que te relajes y luego proseguir el diálogo. Además, les puedes dar alguna pauta que creas que te puede ayudar a identificar aquellos momentos en que tus emociones te están dominando, así como a mejorar en su control. Ten en cuenta que este consejo tiene por objetivo ser una ayuda en el camino hacia el mejor control emocional, no una excusa para justificarte cuando no logres dicho control.

  • Recuerda que por muy intensa que sea la emoción que sientes, acabará desapareciendo: Parece una obviedad, pero tener esto en cuenta te ayudará a verlo todo con otros ojos. Ser consciente de que la alegría que te produce comprar algo nuevo se desvanece rápidamente te ayudará a contenerte a la próxima. Si algún amigo hace algo que te ofende, espera a calmarte para reaccionar si es posible, pues estando tranquilo y relajado verás las cosas de forma mucho más objetiva y podrás tomar una mejor decisión.

  • Tras una discusión, explícate una vez te hayas calmado: Aunque sigas todos estos consejos, a veces las cosas saldrán mal, es inevitable. Cuando esto ocurra, una vez te hayas calmado, analiza lo que ha pasado y si has dicho o hecho algo que tras reflexionarlo, crees que no hubieras debido. Si es el caso, explica a los afectados qué razones te llevaron a ello, como te sentías y lo que piensas ahora. Probablemente los demás no interpreten lo sucedido igual que tú, pero no niegues su punto de vista porque tiene la misma validez que el tuyo. Tú sabes cómo te sentías, pero ellos también saben cómo actuaste. Explica si hace falta que tus intenciones no eran maliciosas y recuerda, una disculpa sincera nunca viene mal.

Fuentes:

Understand Your Brain, Get More Done, by ARI TUCKMAN.

15 ways to get your unwanted emotion.